No siempre pasa, pero cuando sucede hay que levantarse y atender inmediatamente las ganas de ir al baño, aunque sea como estás veces, a las 4 de la mañana.

Creo que con la edad mis despertares de los sueños se vuelven menos evidentes, como si después de abrir los ojos mi cuerpo aún pareciera estar regresando a un plano de la realidad que yo aseguraría es “mi realidad”. Abro los ojos, encojo las piernas las paso por un costado y con mi abdomen me siento en el borde de la cama, aún en ese momento no siento haber regresado a la realidad por que los colores del cuarto, bañados en la oscuridad de la noche no me dan la certeza de la realidad que me da un día bien iluminado a entradas horas de la mañana.

Miro a mi alrededor y comienzo a andar a tientas rumbo al baño, con mis ojos todavía acostumbrándose a la nula iluminación del cuarto salgo rumbo al pasillo del piso superior de la casa. Escucho tras de mí mis pasos lentos y pesados, como si el resto de los ruidos hubieran sido silenciados, o tal vez como si la noche hubiera estado conteniendo el aliento, como esperando a observarme. Al principio no lo noto, pero después, mientras voy avanzando rumbo al baño siento un silencio abrazador que bañado de oscuridad siento como una serpiente a la espera, observante. No soy de las personas que se inquieta fácilmente con la oscuridad pero aún así decido apresurar el paso para terminar lo que comencé.

Una vez llegado al cuarto de baño me puedo dar cuenta que la luz se encontraba encendida y aunque en ese momento no lo noté en primera instancia, sentí con la mirada como si los colores se hubieran difuminado en tonos de grises, como si la luz del baño les hubiera robado el color a las cosas, no pude más que culpar a mí estado somnoliento y noctámbulo y continuar.

Cuando me acerque a la tasa advertí con una brisa fría que, la ventana del baño que da hacia afuera se encuentra abierta y con el rabillo del ojo advertí la presencia de una persona caminando de un lado de la ventana a la otra, lo cual era imposible dado que esa ventana se encontraba al borde de la propiedad en el segundo piso.

Hay un momento en el que por más que prefieras ignorar lo que pasa a tu alrededor este te empuja a sumergirte en lo que de primera decisión hubieras preferido no ver, te obliga a sentir lo que está ahí entre las sombras observandote. Ese momento fue en cuando la persona que había estado circulando de borde a borde de la ventana por fin se detuvo y se quedó ahí, entre penumbras, observandome.

Y es el escozor que se siente en la nuca junto al golpe frío que recorre de pies a cabeza, que golpea tu cuerpo para informarle al resto de tu cuerpo que en en ese momento estás experimentando miedo, el miedo de estar siendo observado por algo que tú razón no puede explicar.

Así que prefieres no voltear a ver, terminas lo que estabas haciendo, te lavas las manos rápidamente, y te enjuagas el sudor frío de las sienes que sientes debido al miedo que casi paraliza tus manos mientras tratas de no verte en el espejo, por qué sabes que está ahí, esperando a que voltees esperando a que lo observes.

Con un giro rápido abres la puerta del baño para salir de esa situación y no puedes evitar ver la sombra de una persona que pasa caminando frente a ti sin advertir tu presencia. Sientes otro golpe helado de miedo recorriendo tu cuerpo de arriba a abajo pero está vez está mezclado con adrenalina, esa persona que va caminando lo hace rumbo a tu cuarto, dónde duerme tu esposa, así que esta vez no hay vuelta atrás y no habrá forma de evitarlo, tu realidad chocará con lo que sea que ha estado provocandote desde las penumbras.

Decididamente abres la puerta y saltas fuera del baño como si de un momento a otro estuvieras inmerso en otra realidad y lo ves, caminando por el pasillo rumbo a tu habitación, solo que esta vez te das cuenta que no está solo, si no que va tomado de la mano de un niño. Parecieran segundos eternos los que suceden cuando empiezas a ver qué el niño voltea la cara y te mira a los ojos, hay algo conocido en sus ojos, podrías asegurar que lo conoces y entonces dice algo, palabras salen de su boca en forma de sonidos pero por más que lo intentas no puedes entender que es lo que dice, como si hablara en un dialecto inentendible. En ese momento la figura de la persona mayor se detiene y observa al niño, se baja para ponerse en cunclillas y le susurra algo al oído del niño. El niño entonces, casi con miedo sigue avanzando pero tratando de caminar sin dejar de verte, como si la sorpresa de verte fuera suya, como si no pudiera entender el por qué tú estás ahí.

El momento se hace eterno y sientes los escalofríos nuevamente, como si se acercara el momento que esa persona o cosa hubiera estado esperando, eso que habías estado esperando desde que pusiste un pie fuera de tu cama, escuchas su respiración pesada y ya no puedes más con el momento, así que tomas la iniciativa y tomas valor con más miedo que coraje. Te acercas unos pasos rumbo a ese cuerpo de persona que te había estado dando la espalda, y que hasta ese momento adviertes está dibujado en tonos oscuros, como si estuviera bañado por la oscuridad, como si la leve luz que caía por el tragaluz emborronara la existencia de esa persona o cosa. Le pones una mano en el hombro y lo jalas en tu dirección, para que te diera la cara, pero cuando su cuerpo gira te das cuenta de que no parece tener cara, lo que ocupa su cara no es más que el mismo patrón de cabello que verías si lo siguieras observando desde la espalda, la misma nuca, el mismo cabello la misma forma trasera de cuello. El terror de la visión te hace dar un salto atrás y soltar un grito ahogado de miedo.

“Tranquilo, soy yo, no sabía que seguías aquí, no te preocupes, ven conmigo, te voy a enseñar que está pasando”

Su voz sonaba muy familiar, como si estuviera escuchando el eco de una voz que escuchara a diario, pero por más familiar que me parecía, el miedo me tenía paralizado, no podía hacer más que estar ahí, a mitad del pasillo de mi casa, observando esa cosa sin cara, sin boca y sin ojos que no obstante parecía estarme observando y diciendo cosas.

Pasados algunos momentos este ser dio unos pasos en mi dirección y tomo mis manos, empezó a decir cosas que aunque mis oidos pudieron interpretar como sonidos audibles mi cabeza no podía hilar lo que esos sonidos significaban. Me condujo escaleras abajo y no pude más que seguirlo, mi corazón, que latía muy rápido y pesado en mi garganta me hacía difícil el moverme y movía mis pies pesadamente como si estuviera aprendiendo a caminar.

Cuando íbamos bajando por las escaleras empecé a desconocer la casa, las paredes parecían de otro color, las personas que aparecían en los cuadros eran personas desconocidas y las escaleras que estaba bajando no parecían las escaleras de mi casa, así que un terror empezó a invadirme. Tomé un respiro de aire para emitir un grito pero fue inútil, mi voz no producía sonidos y solo sentí como las frías manos de ese ser me llevaban escaleras abajo rumbo a un destino desconocido. Cada vez que trataba de gritar, de pedir ayuda a mi esposa que seguía dormida atrás, en mi cuarto, de donde me había levantado hace unos minutos sentía como si me faltara el aire o como si me atragantara en saliva.

En un momento ví como todo empezó a llenarse de luz y el área de escaleras empezó a iluminarse con colores cada vez más brillantes que se mezclaban entre si hasta formar ríos de colores que se fundían en blancos brillantes.

Es todo lo que recuerdo.