De noche es incognito, es ese no saber que se encuentra mas alla del velo del umbral de tu vision, de agregarle todos los matices de tus miedos a esa pulgada detras del oscuro limite de lo que ves. Por eso ese dia me sentia seguro, mientras banado en olas de brisa dominical me dedicaba a las labores domesticas, ahi no habia rastro de oscuridad entre los rincones. Rayos de luz dorada entraba entre las persianas al vaiven de la brisa que refrescaba el mediodia esa manana de junio. El trapeador bailaba entre los rincones del cuarto de planchado en el segundo piso a un son musical popular sin novedad. Ya me encontraba por acabar la actividad cuando depronto las vi. Sabia que no deberia mencionar nada a mi pareja, ya que esta era especialmente suceptible a estos eventos, personalmente no sabia si era que nunca le habian dicho como lidiar con estas situaciones o simplemente que su miedo era mayor a su razonamiento. Me detuve a mirarlas, ahi estaban marcadas perfectamente como en mi suenio, el terminado de las puntas de los dedos como garras oscuras, grabadas como si se tratara de un grabado con fuego sobre el suelo las hacia inconfundibles. Me puse en cunclillas y pase un dedo sobre una de las huellas, la lleve a mi nariz y efectivamente, se trataba del mismo olor a sangre quemada que recordaba de aquella criatura que vi la noche anterior. Habia estado ahi de pie en el marco de la puerta, observandonos mientras dormiamos. Con sus facciones indeterminadas me gustaria pensar que nos cuidaba, pero ese pequeno ente no emanaba ninguna emocion conocida. Se encontraba solo ahi, como si en un punto hubiera decidido pausar su andar entre caminos de indeterminadas dimensiones frente a dos humanos que se encontraban dormidos. – En que te puedo ayudar? – le dije a la pequena criatura desde detras. Parte de la magia de lo que sucede en ese plano es no necesitar una explicacion logica a los eventos y a la linea de tiempo de los mismos. En un parpadear se encontraba esta criatura caminando a travez de mi cuerpo cruzando rumbo al cuarto de planchado, fueron algunos pasos desde nuestro dormitorio que fue marcando en el suelo como si lo fuera grabando en fuego. Sus pisadas perezosas movian al resto de su cuerpo como a un muneco de trapo, como si el resto del cuerpo se encontrara sobrepuesto en un par de piernas mecanicas. Habia dejado en mi una sensacion desagradable, de un olor particular, como si fuera sangrando en su caminar y al mismo tiempo fuera quemando sus huellas en el suelo. Senti una embriguez con el olor a sangre quemada que me hizo abrir los ojos para poder respirar y liberarme de la tension que me estaba ahogando en ese momento.

Estabamos ahi solos en el dormitorio, ella y yo, en el mar oscuro de la medianoche.